Mirando la tenue luz de luna traspasar la fina neblina de la madrugada, pensaba en las formas de escapar de la prisión que la encadenaba, del caos y confusión en donde de pronto se vio atrapada. Entonces vio una cuchilla plateada tirada en el cemento húmedo, la tomo delicadamente en sus rígidas manos y la observo con detenimiento, considerando que tan miserable era y lo poco que ella importaba para los demás. Al darse cuenta que en la vida solo tenía a su pequeño perro, enterró lentamente la daga en su pecho hasta llegar a su agónico corazón que dio sus últimos latidos antes de caer en un sueño eterno...

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